por
Que no asome a nuestra alcoba
el resabio de la monotonía
Huyamos siempre de las tardes de domingo
los idílicos cuentos
de caballeros andantes
y princesas dormidas
con eternos finales
y el felices por siempre
amemos no
las cadenas que nos unen
sino los abismos que nos separan
hallémonos siempre
en ese punto exacto
de caída y ascenso
entre tu pecho
y mis labios
donde nace tu nombre
para dormir en mis manos
