por María Elena Lorenzin
Has vuelto a Phuket donde se cuenta que todavía rondan figuras fantasmales que dejó el tsunami en 2004, pero esta vez te recibe la vista perfecta de un infinitypool que se desborda en el mar acerado. Hilas posibles comienzos del cuento que intentas escribir mientras remoloneas en un daybed acompañada de otro gin-tonic que no tarda en llegar. Tu cabeza da vueltas hasta que una encantadora chica se interpone en tu ángulo de observación y consigue inmovilizarte. A su incipiente juventud se le suma una tremenda insensatez. De pronto la ves parapetada sobre el borde de la piscina y te entran ganas de arrancarla de un tirón; ella, en cambio, persiste en tomarse selfies. Su vestido blanco con parches de estrellas y colgantes dorados le dan un aire de princesa escapada de algún cuento infantil. La ves probándose sombreros y lentes para las innumerables poses. Ignoras todo sobre la intrusa a la que ya le has encontrado un lugar en tu historia. La miras con ánimo de llamar su atención, pero en menos de un segundo la imagen se desvanece y se pierde en el mar. Nadie, excepto tú, parece haberlo notado.
No haces nada por socorrerla.

María Elena Lorenzin
(Jáchal, San Juan, Argentina). Licenciada en Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza y doctorada en la Universidad de Flinders, Australia. Ha publicado Microsueños (2008) y Parricidio y otras calamidades (2018). Sus microrrelatos han sido recogidos en antologías de los Estados Unidos, Canadá, Europa y Latinoamérica.
Es miembro fundadora de REM, Red de Escritoras Microficcionistas.
