Paseo nocturno

por Carmen Martínez Natividad

Di un golpe a la puerta y con él pude romper el candado que por tanto tiempo estuvo impidiendo nuestra salida. Sujeté tu mano tan fuerte y tan delicadamente a la vez. Te pedí que corrieras lo más rápido posible, nos encontrábamos en el camino hacia lo desconocido, no teníamos rumbo ni dirección. Se escuchaban nuestras risas, haciéndose presentes y tratando de notarse. Hacía tanto tiempo que no escuchaba tan melodiosa armonía.

Mientras atravesábamos el bosque, el viento jugueteaba con tus enredados cabellos, tan negros como esa noche, poniéndolos en tu rostro. Pude notar un brillo especial en tu mirada, era una pequeña luz, de repente salió de ti y nos insinuaba que la siguiéramos. En ese momento, estábamos tan contentas que ya no importaba nada, no teníamos nada que perder, nos teníamos la una a la otra. Tú eras el soporte y yo la motivación.

Comenzamos a seguirla, nos condujo hacia una colina no muy alta, justo lo necesario para poder apreciar el hermoso manto estrellado que cubría el cielo. Nos recostamos en el césped y las estrellas empezaron a danzar, no cabía tanta alegría en mi pecho. Era una velada perfecta, tan a tu estilo. Me pediste la mano y ahora tratábamos de seguirles el paso a los astros.

Al verte a los ojos, sabía que tenía que hacer algo para que te quedaras siempre conmigo, así que te pedí tus sueños, me miraste un tanto extrañada pero no dudaste, metiste tu mano a tu bolso y sacaste un pequeño costal de colores. Extendiste mi mano y, al momento en que los colocabas en mi palma, me dijiste: “parte de mi vida la he gastado en fabricarlos, cuídalos”. Yo te miré con mucha ternura y te dije que no tenías de que preocuparte. 

Empecé a sacarlos y, uno por uno, los fui entrelazando, desde el más pequeño hasta el más grande. Saqué de mi morral nuestros miedos, y los uní con los palitos de nuestras preocupaciones. Diseñé un pequeño papalote, tomé tu mano una vez más y comenzamos a volar, lo suficientemente alto para saber que tocaría el cielo con mis dedos. Guardé un poco de nube de algodón en mi bolsillo, para esos momentos de tristeza en los que necesitamos endulzarnos y metí unas cuantas estrellas en tu cartera, para cuando nos faltara la esperanza. Y así fue… entonces, volamos hacía un nuevo horizonte.




Carmen Martínez Natividad

Nació en 1993, en las tierras áridas del norte, en Saltillo, Coahuila. Cantautora, escritora y charanguista. Inició su relación con la música desde pequeña, ha participado en conciertos en el norte de la República. Actualmente, ha pisado escenario como charanguista, bajista y cantante en distintos grupos, habiendo escrito más de 12 canciones. De alma bohemia y viajera, ama las letras, la música, el café y el chocolate.  

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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