No seguir tus estereotipos de feminidad no me hace menos mujer

por Alondra Grande

“Una mujer debe de ser delicada” “Calladita te ves más bonita” “¿Jugar futbol? La gente va a creer que eres machorra” “Ponte ropa más femenina” “Pareces un hombre muy femenino o una mujer muy masculina ¿qué eres?” “Eres demasiado lista para tener novio, a los hombres no les gustan las mujeres que son más listas que ellos”. 

Y entonces surge la pregunta ¿Quién soy? ¿Qué soy?, nací con vagina entonces debo de ser niña, pero me gustan los deportes rudos ¿eso me hace niño? ¡No, no pudo ser niño! Lloré viendo Titanic y los hombres no lloran… ¿qué soy? 

No tengo problema en usar vestidos, pero prefiero andar en pantalones holgados y playeras con logos de mis películas favoritas ¿eso me hace masculino? ¡IMPOSIBLE! Porque también me gusta el maquillaje, y a los hombres no les puede gustar eso ¿no?. Entonces ¿qué soy?

Me interesan temas de política, economía y derecho pero cuando los hombres hablan de eso en la mesa no me dejan opinar, roban mi derecho a expresar mis ideas ¿eso me hace mujer? 

En las fiestas familiares cocino y al final me quedó con mis tías y madre a limpiar mientras los varones se van a dormir ¿eso me hace mujer? 

He sido acosada en el transporte público, en la calle a plena luz del día, en lugares concurridos, en la familia… ¿eso me hace mujer? 

Y así, con más preguntas que respuestas comenzamos a crecer aprendiendo a ocultar aquello que nos hace felices pero no complace a los demás. Nos enseñan a crecer en una ambivalencia donde Femenino y Masculino dejan de ser simples palabras y se convierten en imposiciones, dogmas en donde no puedes pertenecer a uno y sentirte identificada con gustos del contrario.

Se crean brechas, brechas enormes de diferencias donde no te puede gustar maquillarte y leer cómics, de seguro finges para encajar en alguna de las dos actividades, de seguro lo haces para gustarle a alguien. Hacerlo porque te gusta a ti nunca es la respuesta.

Parpadeas y descubres que ya estás casi pisando la vida adulta y todavía la pregunta ¿qué me hace mujer? acecha la mente. 

Prendes la tele, ves una serie, buscas distraerte y sólo encuentras un bombardeo de figuras femeninas altas (pero no tanto, porque entonces no lucen los tacones), con el cabello largo (si mi cabello es corto ¿eso me hace menos mujer?), labios rosados, sin una pizca de vello corporal (¿tener vello me hace menos mujer?), son graciosas, son delicadas, caminan como si usar tacones fuera un arte natural (¿no saber andar en tacones me hace menos mujer?), con el cabello siempre arreglado a la espera de ser salvadas porque pocas son las que salvan, las que quedan sin pareja porque sus ambiciones todavía no incluían un compañero de vida (¿si busco compañera soy menos mujer?). 

¿Dónde radica la feminidad? Es seguro no está en los estereotipos, y puedo casi afirmar que la biología no tiene una respuesta que abarque toda la complejidad de la pregunta. 

La feminidad, el ser mujer, radica ahí donde tu pongas el pie. Va contigo, siempre contigo. Cuando decidiste no escuchar a los demás y entrenar ese deporte que es “para hombres”, entrar a esa carrera que “es para hombre”, hacerte ese corte “de hombre”, usar esa ropa de “hombre”, cuando despiertas la feminidad despierta contigo, porque eres tú. No importa tu órgano sexual, en el momento en que te paraste de frente y te proclamaste como mujer tú feminidad nació, y no se irá sin importar cuanto la insulten, le escupan o intenten hacerla desistir. 

Feminidad eres tú, no es la ropa, el maquillaje o peinado, no es tu tipo de cuerpo y mucho menos las actividades que realizas. Eres tú y, sin importar donde estés, brillará incluso si intentan apagarla.




Alondra Grande

«Mi nombre es Alondra Margarita Grande Franco, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 20 años de edad y soy estudiante de Psicología, activista feminista y escritora ocasional. Escribir para mí siempre había sido un acto de rebeldía individual, una
revolución que no iba más allá de las palabras atrapadas en un papel a la espera de no ser vistas por alguien. Sin embargo, ahora creo que los pensamientos merecen ser compartidos y
enriquecidos con otras ideas, es esto lo que me impulsa a compartir lo que mis ojos ven y mis dedos teclean.»

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

Deja un comentario