por Katiusca Alchoufi
Mariana abrió los ojos al mundo con las estrellas a su favor. El día que nació hace veintinueve años, para su padre no solo había nacido su primogénita, sino que se había ganado el premio gordo de varios millones al pegarle al primer premio de la lotería. El orgulloso padre se desvivió en comprarle todo lo que le hacía falta a su bebé. Su inversión más importante fue abrir una cuenta bancaria para los estudios universitarios de Marianita —como el la llamaba— La niña tenía asegurado su futuro.
Con tan solo diez años ya Mariana había recorrido el mundo. Visitado el Taj Mahal, La Torre Eiffel, El Big Ben, Machu Pichu, paseado las calles de Madrid, Japón, Dubái y la lista continuaba. Vivían en una hermosa casa de dos pisos con un jardín de varios acres, rosales que perfumaban y le daban un colorido especial. Un gazebo en el patio central rodeado de jazmines y hortensias azules, rosadas y violetas. Un jardín del cual la madre de Mariana se sentía orgullosa al cuidarlo ella misma. La infancia de Mariana transcurrió entre colegios de prestigio y sus ponis, animales que eran su pasión. El papá de Mariana no escatimaba en gastos.
Al finalizar sus estudios de bachillerato, Mariana decidió aplicar a una universidad en el extranjero. Su madre se entristeció mucho al saber que se iría lejos, pero ya ella tenía dieciocho años y podía tomar sus propias decisiones. Así que era hora de alzar el vuelo y explorar la vida lejos de la protección parental.
Después de su buen desempeño en su etapa de bachillerato, no se podía esperar menos en esta nueva. Después de cinco años Mariana se graduó y regresó a casa. Ahora la ya señorita Mariana era toda una licenciada en Administración y negocios a sus veintitrés años.
El desempeño de ella estaba en dirección opuesta a la de su padre, quien, con mucho dinero, pero con poca maña había despilfarrado el caudal familiar.
—¿Papá por qué nunca me dijiste que tenías problemas económicos?
—Hija te ibas al extranjero y ese dinero menos mal lo había reservado desde hace muchos años para tus estudios, no quería empañar tu oportunidad. Sabía que si te decía te ibas a quedar y no podía permitirte hacer eso.
Debido a la crisis económica, tanto del padre como el del país, Mariana decidió mudarse a la capital, rentar un pequeño apartamento semi amoblado. Solo un juego de cuarto, un sofá y una mesa de comedor de cuatro sillas. No habían cuadros en las paredes, la única decoración era un portarretratos de ella con sus padres. Se dedicó por días a buscar empleo y luego de mucho patear la calle lo consiguió en una empresa sacando copias. Las otras opciones fueron peores, freír papas en McDonald’s, atender una arepera o vender celulares en una mini tienda. Al menos esta era una empresa mediana y tenía la oportunidad de crecer en ella. Parecía imposible que después de sus logros académicos, la situación país y la quiebra de los negocios familiares la llevara a ser una simple saca copias. Las esperanzas de Mariana nunca cesaron, ella continúo revisando los avisos de trabajo y enviando su resumen a todo lo que se le presentaba por encima de lo que tenía ahora.
Seis años después de estar sacando copias, se le presentó la oportunidad en una empresa grande, trasnacional y con mucho potencial. Estaban buscando un administrador y un asistente. Envió su documentación y para su satisfacción la convocaron a una entrevista. Ya ella se veía en una hermosa oficina con ventanales y una secretaria. Además de un salario que no solo la ayudaría a ella sino a sus padres. De conseguir este trabajo se los podría traer a la capital a vivir con ella. Para esos momentos ellos habían tenido que vender la casa y mudarse a un pequeño apartamento de una sola habitación.
Al fin Mariana siente que la felicidad le hace ojitos de nuevo. Preparó toda su documentación, se acicaló con esmero y buen gusto, eso no lo había perdido para nada. Cuando llegó a la entrevista se dio cuenta de que habían más de cuarenta personas aspirando a la misma posición y que esta era de asistente administrativo, se había equivocado al enviar la aplicación y la posición de Administrador ya estaba ocupada. Se encomendó al creador y esperó su turno con paciencia, ser asistente era mejor que saca copias. Ya cercano al medio día fue entrevistada y escucho las típicas palabras.
«No nos llame, nosotros le llamamos”
Espero por más de dos semanas y no había llamada ni email, por lo que pensó en llamar. Cuando al final lo hizo le atendió la persona de reclutamiento y le dijo:
—El puesto ya fue ocupado, será en una próxima oportunidad.
—¿Puedo hablar con la gerente de recursos humanos? por favor.
—Espere un momento.
La gerente fue muy parca y con escasas palabras le mencionó que estaba sobre calificada para el cargo y que si se abría una plaza más adecuada a su carrera, la tomarían en cuenta.
Las estrellas con las que Mariana nació se apagaron, ya no hay ni un lucerito en su porvenir. Tendrá que seguir sacando copias hasta nuevo aviso. Ya tiene veintinueve años y esa oportunidad aún está a la espera.

Glennys Katiusca Alchoufi
«Mi nombre es Glennys Katiusca Alchoufii. Soy venezolana, nací en Caracas el 25 de agosto de 1961, licenciada en Administración, especialista en Recursos Humanos.
He tomado algunos cursos de escritura creativa en la Universidad de Toronto.
He escrito cuentos desde bachillerato y en Canadá participé en la antología Nostalgia bajo cero con un cuento titulado ‘Una tarde en el parque’ y en la antología Mis días en cuarentena con mi cuento titulado ‘Mi héroe’.»
