por Alina Ludmila Garófalo
Entre quedarme aquí o allá, sé que no soy de ningún lado. Hace poco tiempo que he aprendido a abrir la jaula de estas paredes que me han encerrado. El poco espacio me ahoga. En esta jaula se han quemado mis alas. Pese a ello, cual fénix, he renacido.
Esta ciudad me ciega, sus luces brillantes solo alumbran a aquellos que pueden pagarla. Los monstruos de esta ciudad me acorralan en todas las esquinas; intentan hablarme y tocarme. En esta ciudad crecí entre arrogancia, desprecio y humillación. Los gritos y prohibiciones son inmanentes en los días de todas. ¡No más! Dejo en el pasado los barrotes donde me han atado, dejo atrás las falsas cadenas que me han jalado hacia el precipicio.
Me aventuro a volar libre en despejados campos. Me despido sin pena de todo el daño y llanto. No me importa el miedo. Soy mujer, el miedo me ha acompañado desde mis primeros días. He aprendido a lidiar con él. A veces se ríe porque lo enfrento. Tomo fuerza de todas aquellas que han dado su vida por mí. Las recuerdo con cariño y furia. Me enfrento a los insultos, a la crítica vacía y comentarios fútiles.
Me despido de esta ciudad y las cicatrices que me ha dejado. Mis marchitas alas, que aun pueden cargar con el peso del dolor, me llevan a nuevos senderos. En las alturas visualizo rápidamente el follaje que escolta a las carreteras. El cielo llora, y el viento canta. Por un segundo todo se suspende. Las nubes estáticas quieren esconder el camino. Usan el viento para gritarme y la lluvia para fingir llanto. Se agrupan rápidamente en busca de crear una tormenta. No me importa, los rayos de la libertad me alumbraran.
A la par, millones de cazadores me siguen. Apuntan sus pistolas al cielo y esperar que una bala interrumpa mi vuelo. Los entiendo. Solo han recibido las ordenes incoherentes de aquellos que se creen dueños de la tierra solo por robarla.
Desaparezco entre el ruido y la tormenta. No sé si llegaré pronto a mi destino. No sé si posaré sobre robles y secoyas lejos de la ciudad. No sé qué sucederá en el bosque. Estoy segura, sin embargo, que no soy la única ave que ha salido de la jaula. Cantaré y danzaré con todas aquellas que han renacido del fuego. La libertad nos pertenece y vamos a buscarla.

Alina Cecati
«Me llamo Alina Garófalo. Tengo 20 años y vivo en Quito-Ecuador. Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad Central del Ecuador. Joven apasionada por la filosofía y la literatura. Domino el francés, inglés y ruso. Me gusta escribir, leer, investigar y visitar lugares históricos y museos en general.»
