por Andreina Caballero
Debajo de la mesa, mis zapatos se acariciaban el uno al otro, y yo cansada del ajetreo, los separé con premura
Notaba mi corazón inquieto, en un boom boom paran, paran, pam pam, mis brazos se sentían presos, y luchaban por escapar a algún lugar
Mi cabeza navegaba en posibilidades inciertas, me rondaba el pesar y cierta tenacidad sobria, por lograr el equilibrio que buscaba de sombra en sombra
Una flor marchita se asomaba en el jarrón escondido, olvidado y polvoriento en la mesa detrás del sillón, que escuchaba murmullos ahogados cuando adormitada, un aliento escueto dijo tu nombre
Solía pensar que podía salir airosa siempre, escoltar la tristeza por un brazo, y sellarla en aquel cofre donde voy guardando alfabéticamente cada una de mis heridas
Pero me tomó por sorpresa y con un grito encerrado en una jaula, allí esperaba, la bestia, así la llamaba, un sinfín de lágrimas escondidas, que no se desbordaban, ni siquiera con tu nombre ausente lo lograba
Pero el color gris comenzó a apoderarse de mí, incluso en los hermosos días soleados, aquellos en donde cantan los pájaros y se escucha el viento silbón, la brisa te acaricia la cara y las flores descaradas salen a lucir sus vestidos
Estaba desprevenida, en un vasto recorrido de precaución, y como el camión que atropelló a la serpiente en la carretera, así mismo me pegó, tu presencia y ausencia, es un tanto agotador
Cuando la bestia se desencadena, me dice que deje que mueras, pero no es sencillo, mi bestia pelea con tus ángeles, y pierdo en cada ronda, porque el susurro de tus ojos me endulza la mente, y se amansa cuando escucha tu voz
La bestia no sabe de amor, sólo sabe decir adiós, de egoísmo, de rencor, de violencia con palabras y de hilos rotos, la bestia no es mía, pero es de mí, la bestia arrasa con todo, sacando a cada uno a un rincón mientras me envuelve en su fuego abrasador…
Pero la bestia nunca gana, no importa cuánto me robe a su celda, y me envuelva, me haga suya, y me convenza que de allí soy, no soy de la bestia, soy del sol que me embraza, que me sujeta a la luz
La intensidad me gana, los latidos de mi corazón, me vencen las sonrisas, aquello que era un detalle, que me pasó por el frente y luego recuerdo como un tesoro, me ganan las casualidades, y me dejan un buen sabor
No sé qué hago aquí hoy, he estado con el corazón inquieto, entre saber quién era y quien soy, me ganaron otra vez, a pinceladas blancas y rojas, con pasión estática, con premura, y sin canción

Andreina Caballero
María Andreína Caballero Olivieri, nacida el 31 de marzo de 1986 en Araure. Edo Portuguesa, Venezuela, hija mayor entre dos. Comenzó sus estudios universitarios en Derecho en 2004, en la Universidad de Yacambú, de donde se graduó en diciembre de 2008, y luego en 2012, comenzó su licenciatura en Psicología en la Universidad de Yacambú. Más tarde estudió en la Universidad Fermín Toro, donde obtuvo el Diploma en Componente Docente en Educación Interactiva a Distancia 2013.
Autodidacta en inglés y certificada en nivel avanzado por la academia OM INGLÉS PERSONAL, Buenos Aires, Argentina. Autodidacta en lengua italiana (intermedio – oral y escrito).
Inicia su proceso de escritura a los 16 años, con la creación de diferentes poemas.
Participó en el Premio Nacional de Escritura en la Universidad Simón Bolívar en el año 2007, en diversos concursos con uno de sus primeros relatos cortos en prosa poética «Memorias de un Asesino». En el año 2019 participa en el concurso «Latidos del exilio» con su relato inédito «El desasosiego del arraigo», es seleccionada para figurar en un proyecto editorial de la Revista The Wynwood Times.
Se llamaba Clara, es su primer libro editorial, que inicialmente era creado como un relato en prosa, corto, y luego se transformó en una historia completa.
