por Linda Acosta Rodríguez
“Por ti siento, en reflexión y cuidado…” Así continuó, ella, por enésima vez la búsqueda que la llevaba a expresarse de la mejor manera posible en su deconstrucción. De pequeña había crecido con ideas construidas en torno al afecto. Princesas en busca de un príncipe. Ella lo encontró en un alto y apuesto hombre que, aunque era un buen compañero en la vida doméstica, no lograba arrebatarse de la coraza para decirle un “te amo”.
Es esa idea del lenguaje, que tenemos, de expresar con ‘amor’, aquello que es indefinible, y se comunica con un lenguaje, quizá más corporal o del alma. El amor no se explica, se demuestra. Cierto es, que ella en su pesquisa, había devorado infinidad de textos, literarios y ensayos académicos que hablaban del amor. ¿Quién no recuerda el clásico “El arte de amar” de Erich Fromm? O incluso textos, de marxistas y feministas anti-matrimonio. En todos ella buscaba una respuesta a la escasez avasalladora de un tema sin respuesta. Buscaba en los frescos versos de Rupi Kaur alguna pista:
“No quiero tenerte
para completar las partes vacías de mi misma
quiero estar completa yo sola.
Quiero estar tan completa
que pudiera iluminar una ciudad entera
y luego quiero tenerte
porque los dos combinados
le podríamos prender fuego”.
Se acercó al consorte, y le dijo:
– Está noche, amor mío me bañare en espumas y sales de flores,
dejaré la puerta abierta, sólo por si quieres irrumpir con un beso.
– Voy a dormir, dijo él, cortante.
– Está bien, murmuró ella, sin darse cuenta que él ya no estaba escuchándola.
Desamparo, no. Se tenía a ella misma, ahí en esa bañera llena de aromas, con una luz tenue y unas manos propias. ¿Dolor? Sí, el necesario para dejar caer unas lágrimas, y limpiarlas en el mismo instante que empezaron a caer.
A la mañana siguiente, un ruido de motor se cuela por la ventana. Él despierta, y enciende la luz de la habitación. Ella no está en la cama. Ella no está más en la casa. En color coral de labial pintado, en el espejo del baño: “Querida yo, por ti siento, en reflexión y cuidado…” Un pintarrajo con su nombre. El café no está hecho como cada mañana, ya no hay huevos fritos en la mesa, y él debe afrontar el profundo significado de esas palabras mientras advierte que las cosas esenciales de la mujer, como un libro de poemas, el cepillo de dientes o una fotografía de su niñez ya no están. Ahora, ella se arraiga en sí misma, dándole significado a su verso.
Linda Acosta Rodríguez, de Villahermosa, vivió 18 años en Madrid, algunos meses
en Honduras, otros en Ecuador. Actualmente reside en Inglaterra. Maestra en
Relaciones Internacionales Iberoamericanas por la URJC (Madrid), Socióloga por
la UAM-X (CDMX). Ha colaborado con “Horizontes”, revista electrónica del
CELA-UNAM. Tiene publicado un libro científico por la UNAH (Honduras)
“Agua y Tolupanes de la Montaña de la Flor: reflexiones sobre desarrollo, bien
común e interculturalidad”. Colaboró en la Agenda de la Luna 2020, Editorial
Resistencia. Finalista del concurso Erotismo Poético, 3era. edición de Diversidad
Literaria. Feminista, taróloga, viajera, cocinera, sorora. Amante de las letras.

