por Alondra Grande
Esa tarde en la plazuela de los pichones, a las faldas del recinto de Dios, se reunieron unas decenas de mujeres hartas de tantas injusticias temblando de miedo y odio por partes iguales; “nos toca bailar con un policía a cada una” gritó una de ellas, con el cabello color rojo fuego y la voz de quien ha sufrido por años y no volverá a permitir ese infierno.
Esa tarde en la plazuela los gritos opacaron las campanas de la iglesia, éramos piernas rectas, firmes ante lo que viniera. “Soy tu hermana, nunca te voy a herir aunque traigas uniforme, estoy aquí por ti” de rodillas dijo la joven con cabello de colores y la voz partida de gritar el nombre de las desaparecidas.
Esa tarde en la plazuela faltaban las madres que una bala había arrebatado de esta vida. Estábamos todas menos la hija que por andar en malos pasos, como dijo la policía, su vida había perdido y hora estaba quien le había dado la vida gritando junto con todas… hermana tu nombre no se olvida.
Se percibía la falta de empatía en los uniformes que guardan la piel de cañón, había mujeres en la primera fila que de la lucha se reían, y otras que en los ojos reflejaban el llanto contenido… sabrán sólo ellas el motivo.
Esa tarde en el puerto se guardó un minuto de silencio a la libertad de expresión que ha muerto.
Que se sepa en la historia que fueron las mujeres las que le rompieron la calma al gobierno.

Alondra Grande
«Mi nombre es Alondra Margarita Grande Franco, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 20 años de edad y soy estudiante de Psicología, activista feminista y escritora ocasional. Escribir para mí siempre había sido un acto de rebeldía individual, una
revolución que no iba más allá de las palabras atrapadas en un papel a la espera de no ser vistas por alguien. Sin embargo, ahora creo que los pensamientos merecen ser compartidos y enriquecidos con otras ideas, es esto lo que me impulsa a compartir lo que mis ojos ven y mis dedos teclean.»
