El tortillero

por María Daniela Ortiz Soriano 

Desde entonces ella pasaba varias horas durmiendo durante el día y la noche, despertando en intervalos a encender la radio vieja que le dejó para escuchar las noticias: otro político postulado, otro fraude, otro cadáver encontrado. Como si aún pudiera escucharla, lanzaba al aire sus comentarios. “¿Te acuerdas cuando patrullabas? ¿Te acuerdas, Ricardo, te acuerdas?”.  

Cuando se levantaba de su vieja cama aún lo hacía con el cuidado de no despertarlo. Servía el café con leche para dos, luego le limpiaba su sombrero de yute y le acercaba su bastón a la orilla de la cama. Desayunaba su cachito de pan. Después caminaba por toda la casa rodeada de sus macetas con coloridas flores y chillantes insectos. Cuando sentía el cansancio de sus viejas rodillas, ella buscaba apoyo en el bastón como si fuera el brazo de Ricardo. Recorría las fotografías se veía a ella, lo veía a él en su uniforme, con sus compañeros en su patrulla. Escuchaba su voz. “Yo patrullé por esas calles, antes ser policía era un juego”.

 El tiempo la alcanzaba. Se veía las manos, sentía sus arrugas. Miraba el reloj, ya es tiempo de servir la comida. Preguntaba en voz alta: “¿Carne de res o de cerdo?, antes me alcanzaba para ambos, ¿te acuerdas, Ricardo, te acuerdas?”. Después de servir los platos fijaba la mirada al tortillero vacío, sabía que él no tardaría en traer las tortillas. Pasaban 10 minutos, 40 minutos. Se asomaba a la ventana esperando verlo llegar por la calle con su sonrisa inocente, con las tortillas frías y una flor de bugambilia que habría recogido en una jardinera para disculpar su demora. Así lo quería recibir, ella preguntado: “¿Por qué te tardaste?”, y él respondiendo: “No puedo caminar Jose, la tortillería ya está muy lejos”. Pero el tortillero siguió vacío.

En el momento que lo vio suspirar, en que vio como cerraban su caja, como le echaban tierra, levantaban la cruz, Jose supo que el tortillero estaría vacío, la radio apagada y los recuerdos esparcidos por toda la casa. 

La comida seguía servida. 

-¿Qué se siente envejecer a lado de alguien, Abue?- preguntaba su nieta de 14 años mientras envolvía las tortillas calientes en el tortillero. Josefina suspiró: “Nada”.



Inicia su educación como Técnica Auxiliar Museógrafo Restaurador por la UNAM, además de ser egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la misma institución. Sus áreas de interés son la investigación literaria en el campo de Dramaturgia Mexicana y Literatura Mexicana, la escritura creativa, los programas de divulgación cultural, la Museografía y restauración del acervo histórico de la nación, y la participación activa en montajes escénicos.  

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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