por Yaribel Vera
Desde nuestra temprana edad, junto con el constructo social de cómo debe ser, verse y actuar una mujer, nos enseñan el opio de nuestra existencia: el amor romántico. Desde pequeñas todo cuanto nos rodea nos muestra que la mujer debe ser capaz de soportar dolor, incertidumbre y desasosiego si se trata del amor de un hombre. Los medios de comunicación vendiendo la idea de que por amor hay que ser comprensivas, sumisas, adecuadas para el hombre amado, que sin un hombre a nuestro lado, nuestra realización como personas está trunca, que se necesita un felices para siempre y hay que asegurarlo a toda costa. Que incluso cuando hemos perdido a nuestro príncipe azul, hay que desgarrarse y llorar y perdernos a nosotras mismas por él, porque el amor propio y la realización de nuestros sueños y metas no forman en absoluto parte del plan perfecto del patriarcado.
Más del 49.5% de la población mundial, son mujeres. Si ese 49.5% de personas estuvieran enfocadas en que, el único máximo proyecto y meta a la que deben aspirar son ellas mismas, el potencial de cada mujer sería asombroso. Mujeres trabajando para sí mismas, si encuentran el amor bien, sino, no son desdichadas y por supuesto no se ven a sí mismas como inválidas o incompletas.
Por amor hacemos muchísimas cosas insanas e insensatas: perdonamos a los hombres si son infieles, mentirosos, mediocres, emocionalmente inestables. Buscamos cómo puedan amarnos más, ser correctas para ellos: cambiar nuestra apariencia física para que seamos atractivas a sus ojos y nos puedan amar, más delgadas, más sensuales, más como ellos quieren que seamos para su consumo. Pasamos horas y horas en pláticas al teléfono con nuestras amigas cuestionando todo lo que hacen, lo que dicen, pidiendo consejos para saber cómo amarles mejor. Invertimos dinero, tiempo y esfuerzo a causas perdidas desde el principio, sólo porque para ellos somos una necesidad y cuando ésta deja de ser funcional, somos reemplazables. Todo es a su conveniencia, no a la de nosotras.
Qué increíble sería cuestionarnos si de verdad necesitamos a un hombre a nuestro lado, si no es por el contrario una imposición social que debemos obedecer para sentirnos plenas y completas como mujeres.
Como mujeres, debemos asumirnos a nosotras mismas como el máximo proyecto de nuestra vida, cuestionarnos incesantemente todas las normas e imposiciones que se nos han hecho desde pequeñas, y como si queremos mantener lazos afectivos con hombres, pueden ser relaciones de iguales y sin trampas engañosas del amor romántico. La única y más grande arma para que esto sea posible es el amor propio, amarnos y procurarnos tanto como lo hacemos con los hombres, redireccionar esa pasión, ese entusiasmo y esfuerzo a nosotras mismas para aprender cuándo hay que establecer límites sanos y alejarnos de vínculos que nos hacen infelices, incompletas y desdichadas.
Cambiar todo nuestro tiempo, energía y ganas para salvar una relación o a un hombre que no tiene completos sus procesos de madurez y compromiso emocional para usarlo para nosotras, siempre con ánimos de vernos crecer. Desprendernos de relaciones malsanas con los hombres nos garantiza marcar el camino a otras mujeres y enseñarles que además de que existen maneras sanas de relacionarte sin que signifique sacrificio, dolor o codependencia, también existe la vida sin ellos y que es más satisfactoria que sufrir por amor.
Aunque algunas mujeres aun no tienen la consciencia para detectar que estos constructos sociales del patriarcado están acabando con nosotras, y nos mantienen “drogadas” y distraídas de nosotras mismas, es posible también invitarlas al cuestionamiento constante y a acompañarnos siempre que sea necesario, porque si sana una, sanamos todas.
Yaribel Vera
Yaribel Vera es licenciada en economía.
