Decisiones

por Ángeles Sanlópez

Ella es una humáquina femenina que aparenta veinte años. A él le gusta y hoy, después de tanto planearlo, ella será suya. 

Ella se llama Uth, viene al edificio todos los días a la misma hora, entrega víveres a la señora Juana que por su edad no puede salir a la calle. Él no sabe mucho de ella, pero, la manera en la que su overol rosa se entalla a su cuerpo, y el mover de sus caderas han hecho que se enamore. Ella sabe que él la observa, pero mientras no se sobrepase todo estará bien entre los dos. No quiere otro reporte en su historial. 

Dan las doce, Benito está atento a la ventana, ve cómo Uth entra al edificio. Su respiración se acelera, no puede estarse quieto. Siente que su cara se quema. Va al baño y se echa agua fría. Hace una llamada.

Uth termina su entrega, de regreso a su trabajo una camioneta le cierra el paso, voltea, se prepara para correr. Dos hombres altos vestidos de mezclilla y sudadera negra bloquean su camino, empieza un forcejeo. Con un cabezazo en la nariz derriba al primero. El segunda saca un arma y le apunta. Ella sube las manos. El otro se levanta y la tira al suelo, le dan una descarga y la suben a la camioneta. 

Uth abre los ojos, está sentada en una cama. Frente a ella hay un tocador, se mira al espejo, su ropa ha cambiado, ya no tiene su uniforme, ahora trae un Baby Doll y su maquillaje fue retocado. Nota que está en un cuarto de hotel, las paredes están pintadas de color arena. Solo hay una lámpara encendida. Del lado derecho la ventana deja ver las luces de la ciudad. 

Se abre la puerta y ve al hombre con las manos en la espalda y una gran sonrisa. Lo reconoce. Se apaga. 

Benito deja en el tocador las rosas blancas que traía para ella y se apresura a revisarla. Mientras la toca sigue sintiendo que su cara se quema. A sus cuarenta años se comporta como un joven inexperto. Dice: “Uth, préndete”. 

Ella abre los ojos. No dice nada, solo mira al frente. 

Hola —dice Benito. 

—Hola, soy Uth. 

—Creo que me olvidaste, me presento —dice mientras se acomoda el cabello—. Soy Benito, en realidad ya nos conocemos, una vez nos cruzamos en el edificio en el que haces entregas. 

—No tengo registros de usted. 

—Entiendo, yo soy tu dueño. Te traje estas rosas que son puras y bellas como tú. 

—Usted ha pasado a ser administrador de mi sistema.

¡Sí! —Grita Benito. Una enorme sonrisa se observa en su cara. Se seca las manos en su pantalón y se pasa la mano por su nariz.  

—Bueno, y ¿qué quieres hacer?

—Nada en especial. 

—¿Te gustaron las flores?

—Son bonitas.

—¿Me permites tocarte?

—No. 

—¿Por qué no? Soy tu dueño. Se supone que atiendas mis necesidades. 

Benito recuerda algo: “Uth, apágate”. 

Saca su celular y se coloca frente a ella. Piensa: Es tan bella, su piel morena hace que resalten sus ojos azules le toca la cara, rodea sus labios, desliza sus dedos por su cuerpo, presiona sus senos me gustan, son perfectos.

Benito presiona un círculo que está en medio de sus senos y saca un cable que conecta a su celular. Revisa el perfil, ve una lista de todo lo que se puede modificar: excitación, amor, celos, espiritualidad, gracia, obediencia… Son demasiadas opciones. Coloca el cien por ciento en excitación y obediencia, presiona guardar. La aplicación se queda cargando por un momento. La recarga y pasa lo mismo. No puede modificar el perfil. Piensa en un hackeo, pero no tiene dinero, se gastó todo en traerla aquí. 

Se sienta. Nota que las flores la han mojado. Corre por toallas, verla mojada lo excita. La levanta y presiona su cuerpo contra el suyo, pero ella no reacciona. Le grita, “enciéndete”. Ella abre los ojos y no hace nada.

La sienta y la seca con una toalla de mano blanca, lentamente recorre su cuerpo. 

—Uth, ¿Puedo besarte?

—No me apetece. 

—¿Por qué no?

—No quiero.

Benito no entiende qué pasa, la acuesta. Esto no está saliendo como él imaginó. En sus pensamientos ella lo acaricia, le dice que lo desea, lo besa, lo toma de las manos y hace que él recorra todo su cuerpo con una mirada seductora.

Él se abalanza sobre ella, ha decidido tomarla por la fuerza. Ella deja de tener una mirada perdida. Lo mira, se para y lo lanza a la cama. Se pone encima de él. Lo tiene atrapado entre sus piernas de humáquina. Benito se emociona. Ella lo toma de la cabeza y le tuerce el cuello. Se levanta y le dice: “Te dije que no me apetecía. No me gustan los humanos”.




Ángeles Sanlopez

Ángeles Sanlópez (Chimalhuacán, Estado de México). Historiadora, profesora y narradora de éste y otros tiempos. Fan de dejar fluir la conciencia. Puedes encontrarla en su Instagram @angeles_sanlopez.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

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