Por Aurora Fuentes
RECELO Y LLANEZA
Nos impusieron una cuarentena que se pasó de ochentena,
llenándonos de miedo que cuajaron entre mentiras y verdades.
Destrozado al comercio, la economía cayó al piso.
¿Cómo derribar estos sentimientos y regresar a la confianza?
Cuantas cosas murieron, es grande la afección.
Lo que se rompe, se repara pero no vuelve a ser igual,
deja cicatrices que no se pueden maquillar.
Aprendí a saludar sin tocar, a dar abrazos en soledad,
mis caricias eran virtuales para no contagiar,
inocular algo que no tenía, pero podría llegar.
¿Será que debo llorar?
¡No! me alegro de estar viva, de estar aquí y con salud,
bendigo lo que he vivido y el aprendizaje que adquirí:
La tierra necesitaba un respiro,
mi conciencia un momento conmigo a solas,
y que la unión familiar se restableciera.
Valoré tener un techo, una cama donde descansar,
alimentos sencillos que bien degusté.
De cargar lo inútil, hoy me siento liberada
satisfecha de la limpieza general que realicé
¡Libre! ¡Por fin me siento plena!
¡Emancipada de la pandemia! La vida debe seguir.
A LALO, INES, SINDI Y SUSI
Con Chole en casa, recorro una a una cada habitación,
a las tres recamaras les he dado ocupación
una cada día para sentir que cambio de hotel
y cuando en el mismo lugar pernocto
es porque tomé paquete de tres días y dos noches.
Hablo y platico mucho, a veces me disgusto conmigo misma y me dejo de hablar.
No dura mucho el mutismo, en una visita al restaurante de la cocina me reconcilio.
¿Qué, quién me acompaña en esta travesía?
Lógico Lalo-cura y Soledad.
¡Ah!, pero no por mucho tiempo, hoy en esta insania
recibo a otra visita que todo lo cambia de lugar
me tiene toda revuelta la linda Ines-tabilidad.
Ya no quiero acoger a nadie, ya no hay espacio para más,
todo me causa quebranto, no salgo a trabajar.
Abro mi bolsa, miro mi cartera y efectivamente, ahí está Sindi-nero.
¡Váyanse! ¡Váyanse todos!
¡Déjenme vivir en paz!
Únicamente que se quede Susi.
¡Sí! Con Susana-distancia,
pronto, todo pasará.
CONTINGENCIA
Tendremos que quedarnos en la casa,
buscando darnos bien seguridad,
tanto en el campo como en la ciudad
mientras la horrible contingencia pasa.
El tiempo pasa lento y se retrasa
temiendo al virus lo hacen majestad
quien pone al mundo pleno en soledad
y la ciencia parece que fracasa.
No se encuentra la cura para el mal,
de recapacitar llegó el momento
modificando toda la moral,
dejando de reñir tan habitual
con armonía alzar el sentimiento
gozando de la vida al natural.
