Nuestro pacto de amistad político en el aislamiento

Por Yazuli Pérez

Son tantas las cosas de las que me gustaría hablar, platicarles y sobre todo que podamos encontrar espacios de reflexión y apapacho colectivo; por ejemplo ahora que escribía pensaba en tres momentos que me han trascendido con mayor resonancia; el primero  me anda dando vueltas en la cabeza, ronda tanto como cuando los zopilotes encuentran un alimento,  justo así casi siempre se siente mi cabeza cuando pienso en mis amigas y en la importancia de resistir y seguir apostando por hacer redes verdaderas desde la sinceridad, la responsabilidad y el afecto hacia la otra en estos tiempos donde estamos separadas por una computadora, el internet, un cubrebocas y un gel antibacterial. 

¡que irónico!  unos meses atrás todas comíamos las garnachas en la calle, nos abrazábamos y saludábamos de beso esperando que la otra nos pasará sus energías, que nuestras cuerpas se encontraran en una sola danza, marchamos, gritamos con mucha rabia y furia, nos encontramos para llorar, para reír, para organizarnos, para platicar también de nuestros amores y desamores, unos meses atrás las amigas estábamos haciendo la revolución en las calles; le estábamos demostrando a esta 4T que éramos miles las que estábamos llenas de dignarabia; ¡que irónico! Sigo pensando ahora que llevamos más de 3 meses en el “alojamiento”. 

Un día nos dijeron no se abracen, no se besen, tápense la boca para no contagiarse, un día nos dijeron quédense en su espacio privado porque dicen es el más seguro. Un día nos dijeron que si queríamos hablar sería por internet o por llamadas, un día nos dijeron que las calles ya no eran nuestras. Un día también pensaron que las feministas, que las amigas, que las mujeres que luchamos ya no gritaríamos con rabia, pero un día también se equivocaron porque un día resurgimos como lo hemos hecho históricamente y ese día a sido siempre, siempre que apostamos por fortalecer nuestras redes de acompañamiento.

¿Qué significa entonces hacer amistad desde la responsabilidad política y amorosa con la otra en tiempos donde la virtualidad parece instalarse cada vez y de forma normal y violenta en nuestras vidas y sobre nuestras cuerpas? ¿Qué significa responsabilizarme de mi cuidado y del de la otra en estos tiempos voraces donde se hace cada vez más presente las grandes desigualdades sociales y patriarcales sobre los cuerpos de nosotras como mujeres atravesados por el racismo y clasismo? 

Por ahora sólo quiero hablar desde un espacio del cuidado colectivo en tiempos de pandemia y catarsis social. Si bien hay líneas tan delgadas que nos separan como amigas, por ejemplo recuerdo mucho a mi amiga Chayo y que casi no puedo hablar con ella por las desigualdades de conectividad, o con mi amiga Abi que por todos los movimientos que tenemos en la vida nos ha costado un poco de trabajo entablar un diálogo abierto, o con mi amiga Ale y Gaby que tiene ya más de cuatro meses que no las veo y siento los retorcijones en mi pecho siempre que las pienso y las extraño, o pienso también en mi amiga Elena que ahora se ha tornado más complicada la conversación, porque he de decir que antes de iniciar esta pandemia no hablábamos mucho por las redes, siempre preferíamos en la posibilidad de nuestras realidades vernos, o mis amigas de la maestría que mes con mes me daban aliento, fuerzas, rabia y mucha esperanza feminista y así con otras amigas que también he construido diálogos y acompañamientos que nos fortalecen. Con todas mis amigas por muchas razones nos hemos aislado en algunas ocasiones, nos hemos dejado de hablar, pero también nos hemos fortalecido.

A todas, a cada una seguro que esta pandemia, este encierro y el aislamiento corporal que estamos viviendo en nuestras realidades nos esta atravesando de formas distintas; hay ocasiones en las que nos dejamos de escribir por días o semanas, las cuales se vuelven meses y hasta años en mi sentirlas cerca, pero algo que he descubierto estando la mayor cantidad del tiempo sentada frente a un escritorio, con una computadora y de vista panorámica otras cuantas casas, escuchando la música de reggaetón de l@s vecin@s mientras las y los niños juegan en el patio, que el autocuidado significa pensarnos a nosotras desde la potencialidad que somos en estos momentos, el resistir a un encierro que lo único que nos da es un incremento de las violencias de género, la negación de que nuestras cuerpas vuelvan a estar en las calles, representa la urgencia de seguir confiando en nosotras mismas, de seguirnos recordando y sobre todo escuchando. 

Para mi el cuidado colectivo en tiempos de pandemia significa la no exigencia con la otra, no pedirle que nos conteste siempre que necesitamos, nuestra amiga también esta pasando por otras cosas, igual de fuertes que las que yo y tus pasas, pero es importante que nos demos los tiempos, los respiros, es importante que cuando nos volvamos a sentir fuertes tomemos el celular y mandemos el mensaje de no olvido. 

El cuidado colectivo también significa en ocasiones ser solo la escucha, ser la acompañante, la que no cuestiona, y aquí me gustaría mucho diferenciar entre el romantizar las amistades políticas al no cuestionarnos, al decir que todo es amorocidad, porque definitivamente esta idea es muy proveniente del amor heteropatriarcal y normado en el que estamos, pero tampoco pienso que el no cuestionar sea sinónimo de un estado de pasividad. Por ahora quiero pensar en que también es bueno que en ocasiones no nos cuestionemos, seguro mi amiga o yo en algún punto de quiebre no quiero que me cuestionen sólo quiero saberme acompañada y escuchada. 

Hablar del cuidado colectivo también significa priorizarnos, reconocernos entre nosotras como mujeres que estamos resistiendo, apropiarnos de nuestros espacios ahora virtuales y apostando por no acostumbrarnos a la virtualidad, pero desde y con nosotras, pensar que ahora nos podemos sentir más acompañadas y en complicidad sin un vato. ¿quién mejor que mi amiga o mi hermana entiendan los cambios que estoy sintiendo en mi cuerpa, en mi corazón, en mi mente? Esta pandemia puede ser un muy buen momento para refrendar y pactar nuestras amistades políticas desde el cuidado propio y colectivo, desde el dejar de buscar en las amigas el famoso “plato de segunda mesa” comúnmente llamado así en las relaciones heteropatriarcales, como amigas no somos solo las acompañantes mientras encuentro al vato que me vendrá a salvar o con el que confiaré mi amor heteropatriarcal. Nosotras como amigas debemos de priorizarnos, de cuestionarnos, de hablarnos desde la ternura, de buscar generar que nuestros espacios sean seguros, pero siempre desde un posicionamiento político y por lo tanto de vida. 

El cuidado colectivo en tiempos de pandemia es apostar por hacernos más fuertes, por no olvidarnos las unas a las otras, responsabilizarnos de nuestros actos, de asumir la trascendencia de nuestro papel histórico como mujeres que a pesar de este aislamiento estamos luchando y resistiendo, y siempre pensar que no lo estamos intentando, lo estamos haciendo.

Publicado por La Coyol Revista

Revista hecha por y para mujeres escritoras y artistas

Deja un comentario