Por Yazuli Pérez
Mientras estaba en un taller de escritura feminista separatista, escuchaba con detenimiento a varias compañeras de la virtualidad, y cada vez que iba escuchando su voz y las miraba desde mi pantalla de la computadora se me hacía un hoyo muy grande en el estómago, sentía como si fueran perforando cada una de las capaz que me protege, la abertura de mi estomago se estaba haciendo más profunda cada que escuchaba a otra compañera, sentía ahora que se me atoraba un trago de saliva en mi garganta, sentía en mis manos la necesidad de escribir-me todo esto que mi cuerpa estaba sintiendo. ¡por dios, apenas me doy cuenta de que no sentía ni escuchaba como mi cuerpa también tiene mucho que decirme del cómo esta pasando el encierro!
Desde que inicio la pandemia comencé a meterme a muchos cursos, talleres, conversatorios, charlas y todo lo que me iba encontrando en las redes, eso sí, siempre he buscado espacios que sean feministas y sin quererlo, pero ahora deseándolo me gusta mucho estar en los espacios separatistas. Claro, fui de esas personitas que en cuanto nos encerramos busque y busque la productividad del conocimiento, diría también ¡que fatal! Pero pues me gusta mucho aprender y siempre intento llevar y colectivizar estas ideas con mis amigas, esa para mi es una forma de poder irme construyendo con cada una.
Definitivamente a habido espacios donde no he termino el curso o taller o charla porque no he sentido que se genere un diálogo horizontal desde la escucha entre nosotras y sobre todo de amorocidad radical, asumiendo esta postura como política, dejando en claro que no romantizo los espacios feministas y de mujeres pero si me gusta apostarle por estar en espacios donde podamos sentirpensarnos desde lo colectivo, donde nos sintamos seguras y acompañadas entre nosotras; ya de por si el heteropatriarcado nos ha negado tanto y nos ha puesto en posiciones de mucho autosaboteaje que creo muy fuerte un posicionamiento desde la ternura radical.
Así como me he encontrado con espacios donde no me siento segura ni siquiera compartiendo-me con mujeres, también he encontrado otros donde siento que puedo darle voz y nombre a todos mis sentipensares, por ahora en mi vida, deseo mucho estar en círculos y acompañada desde la ternura y el apapacho colectivo. Sin lugar a duda lo bueno que me ha dejado esta pandemia es encontrarme y hacer-me fuerte con todas mis compañeras que he conocido en esta virtualidad. De varias de ellas no recuerdo con exactitud el nombre o en algunas ocasiones su rostro, pero si me acuerdo de la potencialidad de sus voces, de la defensa de su posicionamiento político y de vida; me acuerdo de mis compañeras que he conocido en esta virtualidad porque me han dado la fortaleza, el acompañamiento, el apapacho, la escucha y la mirada. ¡Cuánto deseo conocerlas! Deseo mucho ponerles un rostro, platicar con cada una, abrazarlas, escucharlas, deseo mucho sentir su cuerpa, pero ahora, ahora me siento desde y con ellas acompañada en el encierro.
Mis amigas de esta virtualidad me dan las fuerzas para comenzar a habitarme desde mi voz y mi cuerpa, mis amigas que he conocido en los talleres me han acompañado a historizarme con y desde mi palabra y mi mirada. Las he escuchado nombrarse y asumirse como sujetas políticas que agrietan este sistema heteropatriarcal y heteronormado, con mis amigas de esta virtualidad puedo situarme, puedo darle voz y nombrar todo lo que estoy sintiendo, con ellas me he dado cuenta de la importancia de escribir-nos, de leer-nos, de escuchar-nos, de hacer-nos historia. He conocido mi transformación del silencia al lenguaje y acción, me verbalizo para compartirme en los espacios separatistas. Mis amigas son la materialización de mi voz, de mi palabra, con ellas he escrito sobre mi vulva, mi cabello, mis estrías, mi madre y mi abuela, con mis amigas de la virtualidad he descubierto también que puedo historizar-me y a mis hermanas con y desde la fotografía.
Me siento tan potente acompañada de ellas, las que aún no conozco en persona, pero que siempre que abro mi computadora, activo el zoom, me conecto, mi habitar.me se vuelve publico estando con ellas. Y si, seguramente a muchas de ellas no las conoceré en algún tiempo, o quizá jamás las conoceré, pero ahora puedo escribir, ahora me puedo nombrar. Esta es la red que me ha dejado la pandemia.
