por Cecilia Esperón
En Guerrero hay un lugar llamado Taxco, me dijeron que allí podía encontrar a Alexis, un buen café y plata.
En la calle Palma Real (cerca del zócalo) hay una galería de fotografías, fotografías
a blanco y negro, el lugar se llama Chac’s. En la entrada hay varios panfletos, unos son de una lavandería y otros promocionan el concierto de los imitarlos de The Beatles. Veo a varios arquetipos dentro del establecimiento y sueño en terminar como el viejo que mira detenidamente una foto de un kiosko de la Ciudad de México.
Sale del sanitario un hombre, no es alto, pero sí moreno y tiene la oreja perforada. Después de unos segundos logra reconocerme y regreso a cuando aún no éramos legales pasando el rato en las calles de Coyoacán.
— Tengo dos perros — es lo único que me dice antes de darme una sonrisa —, y
sigo en contacto con Daniela.
A las 21:34 estamos tomando algo en un café cerca de su galería, lo importante era
ponernos al día respecto a nuestras vidas. Me cuenta que después de Xochimilco estuvo en letras hispánicas y un tiempo dio clases en la misma aula donde escuchó relatos del sesenta y ocho. Cuando cumplió los treinta y dos llegó a Taxco, resultó ser que no fue fácil desacostumbrarse a la capital, a veces la extraña, sin embargo este territorio es parte de otro bloque de su vida.
— La galería tiene tres años abierta y los extranjeros son quienes más me han
comprado, he notado que tengo clientes frecuentes que sólo van a ver las fotos sin adquirir alguna. Eso no me molesta, es gratificante ver sus caras cuando están apreciando mi trabajo — se queda callado por un momento — creo que dentro de mí siempre supe que no me casaría, como sea Nala y Bota me hacen muy feliz. Tengo una casa no muy lejos de la galería y de predial no me cobran mucho, lo único que cambiaría es mi nave, ya estoy harto de esa carcacha. Aunque no sé porqué me quejo, es cierto que prefiero viajar y dar enganche para un auto nuevo me limitaría en cierto sentido.
— Siempre supe que eras más que un cigarro en la mano —. Cuando terminamos
dejo la propina y comenzamos a caminar hacia Chac’s; espero afuera mientras saca un
álbum fotográfico para verlo en su casa.
Recuerdos de una adolescencia citadina nos invaden, no hablamos, sólo contemplamos y bebemos un poco de mezcal que él había comprado el día anterior. Tengo la intención de comprar el cuadro que tanto admiraba la recepcionista de la galería, por suerte quedamos en jugar viuda negra: para evocar viejas glorias. Podría reconstruir esa foto en cualquier momento: un viernes en la tarde, música, la baraja inglesa, un jarro de agua de horchata, comida y fumando hasta tarde. Sé que él tampoco ha olvidado lo que vivimos cuando éramos jóvenes.
Regreso al hotel pensando por un momento que esto no era Guerrero, sino el
empedrado de Coyoacán.
Cecilia Esperón
(Ciudad de México, 1998) Estudiante de Literatura Intercultural en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, campus Morelia, de la UNAM.
