por Magdalena Vidales
Todavía hace falta recorrer un arduo camino para poder llegar a erradicar los roles y estereotipos asignados al género; sin ellos, la inclusión de la mujer en todo ámbito no requeriría tanta obstrucción por parte de la sociedad.
En el presente trabajo pretendo generar conciencia sobre la reproducción de los roles de género basándome en las mujeres y que no tiene por qué existir un tabú al no ejercerlos, en segundo lugar es la violencia género que se da cuando los roles y estereotipos incumplen su “función” en el sexo asignado que es impuesto desde el nacimiento y se reproduce toda nuestra vida. Tercer punto propongo una solución que consiste en generar un cambio en la estructura de nuestra sociedad con la inclusión de prácticas e ideologías que no le resten importancia y alcen la vista a la verdadera equidad de género.
La sociedad dominante de hoy es caracterizada por tener un sistema que ponen en práctica una división normalizada sobre los comportamientos y prejuicios que están implementados desde que nacemos por el sexo que nos tocó, es decir, son las características biológicas y físicas de algún ser que los hace ser diferenciados entre hombre y mujer, generados y condicionados socialmente por el género. De lo anterior se podrá rescatar la parte central que es el “Género, en este contexto, significa el rol social construido a partir de las diferencias sexuales. Obviamente, hay dos géneros: el masculino y el femenino” (Sanmartín, 2006, p.12).
El género sólo plantea: uno u otro (binario) pero nunca ambos o ninguno, esto es un problema porque es un impedimento para poder decidir libremente lo que a uno le agrada o no, lo que uno quiere o no, lo que uno es o no; con eso me refiero a los roles que son dictaminados desde pequeños hasta las personas de la tercera edad al condicionar y generar prejuicios sobre el género, como ejemplo que las mujeres deban solo portar y elegir el color rosa y no el azul porque este último es de niños, al igual pasa con el deporte del fútbol que es encasillado por lo mismo, vestir con falta y no tan corta porque te encasillan de “fácil” o porque corren peligro al “provocar” al sexo opuesto, no decir tu punto de vista porque no estás lo suficientemente preparada para dar una opinión, tener el cabello largo porque es un símbolo estereotipado de belleza y cuando lo cortas automáticamente creen que tu orientación sexual ha cambiado y no es porque sea malo sólo que no encaja con nuestra sociedad binaria, al elegir una ingeniería o alguna otra licenciatura a fin te tachan de que no eres apta y tus capacidades no son suficientes para llegar a entenderla, a que no pueden gustarte los carros de juguete porque no debes jugar y parecer niño, a jugar a la comidita para prepararlas por si llegan a concebir matrimonio y ay de la mujer que quiera salir de ello porque será criticada y mal vista por todos, que tenga que servir la comida cuando el marido llega a la hora que él quiera, solamente porque son mujeres y les tiene que gustar; que las tomen de inferiores sólo por el hecho de que muestran sus emociones y creen que están dominadas únicamente por ellas. También los hombres son condenados por estos y que son prácticamente viceversos a los de las mujeres, la gran diferencia reside en cómo se concibe la masculinidad y la feminidad:
Se dice que lo racional es opuesto a lo emocional, por lo tanto hay una jerarquía, lo racional es superior y lo emocional es inferior. Esa jerarquía se sexualiza, lo racional es propio de los varones, lo emocional propio de las mujeres. Si un varón tomará la decisión de abandonar el estereotipo, asumiría una cualidad que está socialmente degradada. Mientras que cuando una mujer decide abandonar el estereotipo, adquiere una cualidad considerada masculina y superior. Por esto parece más fácil para las mujeres que para los varones abandonar estereotipos patriarcales (Maffía, 2005, p. 11)
Ahora bien, ¿qué sucede cuándo una persona sale de su rol y estereotipos de género?, las posibilidades más minuciosas son la crítica y el rechazo de la sociedad que se traduce como discriminación, por otra parte y en un nivel más extremo se encuentra la violencia de género “Es la violencia que se perpetra contra alguien porque se considera que se ha separado del papel (no cumple la función) que tradicionalmente le corresponde” (Sanmartín, 2006, p.12). Elegí un ejemplo que consiste en cuando una mujer sale del patrón empieza una serie de prejuicios asociados con su orientación sexual. La sociedad empieza con una serie de prejuicios a tal grado de llamar a una mujer “machorra” por tener características que han sido impuestas a los niños y no deberían tener las niñas, es decir, se recibe doble discriminación que puede convertirse después en violencia, primero por no ser heterosexual y la otra por reproducir particularidades del rol del género opuesto. Con esto podemos ser conscientes de los prejuicios de la sociedad que impone y reproduce, y que también viola nuestra libertad para poder fomentar diversas habilidades que son necesarias para nuestro desarrollo que sólo pueden ser enseñadas y realizadas por el sexo opuesto.
El punto importante es que se ha visibilizado, ya no es algo que se ve normal sino que ya es analizado desde un punto de vista equitativo e igualitario y que esto ha sido una propuesta que ha salido de nuestras compañeras feministas que hasta el día de hoy han luchado para obtener logros “Entonces, cuando digo feminista no digo mujer, ni lesbiana, ni género, digo acto de potencia creativa de los cuerpos para deshacer y rehacer las normas que nos gobiernan” (Flores, 2018, p.47), y que aún falta poder llegar a completarlo pero eso ya sería trabajo de todas y todos nosotros para así llegar a desarrollar nuestras habilidades y nuestro ser al máximo, sin miedo, sin pena, sin discriminación, sin clasificación, sin nada que nos detenga. Siendo solamente lo que nos nace ser.
La propuesta que ha sido lanzada es: a lo no binario y que sea aplicado en todo ámbito, empezando por la familia, siguiendo la escuela, instituciones públicas, en la estructura y las instituciones (de acuerdo con la antropología) etc. “El género anclado al sexo entrega sólo dos alternativas identitarias, sin embargo, se está abriendo el espacio a lo no binario” (Cabello, 2018, p.34). Ya que se llegó a detectar el problema podríamos resolverlo de esta forma, pero es necesario reeducar a la población implementando una política e ir aplicándola al pensar y el uso en las nuevas generaciones.
Por poner un ejemplo. (Cabello, 2018) se refiere a que el uso del uniforme escolar es una crítica política porque este es binario, es decir, solamente existen dos géneros en una primera vista. Se da mucho entre kinder, primaria y secundaria, en la educación media superior (ya depende de la institución), sin embargo, no tendría que existir una diferencia porque en sí, no representa una función esencial para el desarrollo de las capacidades de los niños y adolescentes al contrario al dejar de implementarlo desarrollamos un ambiente de equidad e igualdad, deberían aplicar lo que el refrán popular mexicano menciona: “o todos coludos, o todos rabones”, es decir, que nadie se encuentre en una situación en desventaja o con ventaja sino que todos parejos, a todos por igual. Esto es aplicable a los roles y estereotipos de género porque su naturaleza es binaria.
A modo de conclusión:
Es momento de recobrar fuerzas e impulsar a las nuevas generaciones para recibir una mejor educación sobre la expresión de sus cuerpos, a los jóvenes que están construyendo el futuro que tengan más resistencia y mientras la tengan innoven las estrategias para poder llegar a consagrar una sociedad equitativa e igualitaria donde existan estereotipos y roles pero no adjudicados al género, donde no estemos condicionados a elegir algo porque así nos han enseñado, que logremos ser libres de expresar lo que queremos, lo que nos identifica al ser como somos sin estar condicionados y se reproduzca de generación en generación; donde la mujer no sea el primer referente de violencia sólo por el simple hecho de haber nacido mujer, dónde no sea víctima de discriminación, que no sea marcada como inferior, que pueda tener libertad de hacer con su cuerpo lo que ella crea que es mejor, que sea su elección no la de los demás. También implica dejar de reproducir el sexismo y dentro de él, el binarismo, debería ser erradicado porque no aporta nada, al contrario sólo representa un impedimento para el desarrollo de habilidades que son adjudicadas a uno u otro género, pero, nunca a ambos. Si los roles y estereotipos de género fueran erradicados existiría un mejor progreso en el país y en ser humano como ente individual desarrollaría aún más sus capacidades y esto sería un beneficio colectivo.
El feminismo como movimiento social no se trata únicamente de las mujeres, va más allá, es un movimiento que a lo largo de los años ha analizado la situación de inferioridad y las construcciones sociales que primeramente trataron sobre la mujer, pero que hoy en día de trata de todas y todos, de buscar una libertad para hacer elecciones y no sólo por construcciones sociales, denunciar la injusticia que se está encubriendo y sobre todo lograr un cambio de raíz que como sabemos algunas veces puede parecer una utopía pero que no es imposible lograrlo y que puede mostrar resultados ya que somos el producto de su lucha y somos lo tangible de lo que han logrado visibilizar.
Fuentes consultadas:
Cabello, Cristeva. (2018). Educación no sexista y binarismo de género. Agitaciones feministas y disidencias sexuales secundarias en la escuela. Zerán, F. (Eds.), Mayo feminista. La rebelión contra el patriarcado.(pp. 21-34). Argentina: LOM.
Centro de Escritura Javeriano. (2018). Normas APA, sexta edición. Cali, Colombia: Pontificia Universidad Javeriana, seccional Cali.
Flores, Valeria. (2018). Febriles alquimias del cuerpo. Una poética excrementicia. PLÉYADE revista humanidades y ciencias sociales. No. (22), 45-66.
Maffía, Diana. (2005). El Contrato Moral. En Carrió, E. y Maffía, D. (Eds.), Búsquedas de sentido para una nueva Política. Buenos Aires: Paidós.
Sanmartín, José. (2006). ¿Qué es esa cosa llamada violencia?. En suplemento del boletín Diario de campo, No. (40), p. 11.
Magdalena Vidales Sánchez
«Soy Magdalena Vidales Sánchez estudiante de la licenciatura de antropología social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, desde muy pequeña he asistido a movimientos sociales de la CNTE, lo que forjo en mi conciencia y empatía. Por lo que ahora he decidido utilizarlas para externar con ayuda de la escritura lo que nos guardamos, para abrirle los ojos a alguien más, a fin de que podamos mejorar.»
